¿SUEÑAN LOS ANDROIDES CON HERIDAS ELÉCTRICAS?

Por Nicolás Contreras

“Alejandra Pizarnik: Entre otras cosas, escribo para que no suceda lo que temo; para que lo que me hiere no sea; para alejar al Malo (cf. Kafka). Se ha dicho que el poeta es el gran terapeuta. En este sentido, el quehacer poético implicaría exorcizar, conjurar y, además, reparar. Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos”[1]


La avanzada de los robots en el mundo del arte es un hecho. La poesía no es indiferente a esta revolución de las máquinas. El primer robot poeta se remonta a 1959, creado por Theo Lutz y Max Bense[2]. En la actualidad, Marco López Oneto documenta diversos casos de robots poetas, entre ellos, algoritmos como Wishful Automatic Spanish Poet (WASP) y Small Poem Automatic Rhymer (SPAR)[3].

Conforme el desarrollo de la técnica computacional continua y se hace capaz de imitar cada potencia descrita por Aristóteles, resuena con mayor fuerza la pregunta: ¿qué es lo auténticamente humano? Aparecen conceptos como vida, inteligencia o libertad cuya definición e inclusive existencia suele discutirse en arduos debates filosóficos.

En particular, la incursión de las máquinas en el arte suscita la cuestión de qué es lo propiamente humano en una obra de arte.

El artículo “¿Será el próximo William Shakespeare un robot?”, escrito por Isabel Rubio (2017) en El País, cierra con un juego didáctico en que el lector debe indicar si los poemas que se le presentan fueron escritos por robots o humanos.  Esta actividad encierra una presuposición entorno al tema, la centralidad del pensamiento en el producto.

Contrario a eso, propongo que se debe pensar también el origen. Ello, puesto que la causa final, es decir, aquello a lo que algo se encauza, es a su vez, el gatillante de todo el proceso. Es decir, es tanto el principio como el fin. ¿Cuál es el origen de las obras de arte?

Personalmente, considero que el origen del arte es la herida. ¿Qué es la herida?  La herida es la materialización de todas nuestras vulnerabilidades. Los conflictos que nos generan ciertos tipos de crianzas, experiencias traumáticas, miedos, etc. Es el receptáculo de todos los dolores del espíritu. Platón lo ilustra a través del discurso de Aristófanes en el Banquete. En aquella discusión, el dramaturgo cómico nos recuerda con una carcajada amarga que estamos en falta.  

Este mismo tema es explorado a lo largo de la película "Synecdoque New York" (2008) donde Charlie Kaufman nos muestra a un desdichado director de teatro obsesionado con la idea de retratar esta herida primigenia. Lo mismo se refleja en la poesía de Alejandra Pizarnik donde como la luz, el dolor, bajo el fenómeno de la reflexión, se transmuta a un espacio sagrado en que el alma transita libre de la herida.  Un espacio idílico que solo podría ser concebido cuando nos enfrentamos al abismo de nuestra propia alma.

Esto no implica que todo arte sea causado por la herida. Manifiesto que es una de las fuentes de las que emana un arte honesto en pleno siglo XXI. Ello, en contraposición a los artistas que son producidos por los estudios de mercado. Hijos e hijas de un capitalismo capaz de asimilar cualquier contracultura convirtiéndola en un fenómeno sin sustancia.  A su vez, los robots podrán escribir poesía, dirigir orquestas con una sincronización admirable, imprimir pinturas de arte, e inclusive, basarse en las grandes figuras que recorrieron el mundo del arte. No obstante, les es imposible es situarse bajo el cielo nocturno de San Juan de la Cruz y, a través, de una contemplación expiatoria, materializar su herida.  Lo que hace a una obra de arte ser tal, es la postrimería que atraviesa su autor en cada momento.


La Única Herida por Alejandra Pizarnik


¿Qué bestia caída de pasmo

se arrastra por mi sangre

y quiere salvarse?


He aquí lo difícil:

caminar por las calles

y señalar el cielo o la tierra[4]



[1] Alejandra Pizarnik, entrevistada por Marta Isabel Moia, El Deseo de la Palabra, Ocnos, 1972.

[2] Isabel Rubio, “¿Será el próximo William Shakespeare un robot?”, El País, 17 de octubre de 2017, Sección Actualidad.

[3] Marco Antonio López, ¿Algoritmos Poéticos?, Nubes Cónicas, https://nubeconica.cl/otono2020/algoritmos-poeticos/ (Consultad el 16 de Julio de 2020)

[4] Alejandra Pizarnik, Antología, (Alma Perro, 2011)

©2020 por Pensar en Red. Creada con Wix.com