Participación y deliberación democrática en la era de Internet

Por: Hernán Gianini Vivado

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Estamos en una época de crisis de la democracia liberal a nivel global que genera la necesidad de
explorar otros modelos democráticos para superarla. Describimos en este artículo las distinciones que hace la ciencia política respecto a estos modelos y como se podría abordar una transformación en Chile que posibilite una participación y deliberación efectiva de la ciudadanía en las decisiones que la afectan.


Podemos afirmar que la democracia, para que sea tal, se mueve en tres ejes rectores: representación, participación y deliberación. Dependiendo del peso que tengan cada uno de esos factores los teóricos de la democracia distinguen cuatro categorías (Baños, 2006):
 Democracia liberal: es la más común y la que conocemos en Chile, también denominada representativa. Descansa en la separación de poderes y la delegación de la deliberación y toma de decisiones en representantes elegidos en elecciones libres, periódicas e informadas. La bondad de la democracia liberal descansa en algunos supuestos como la elección de los mejores, que éstos se mantengan libres de influencia de grupos de interés, fieles a la voluntad de sus representados y que mediante la deliberación en el parlamento se llega a las mejores decisiones en pos del bien común.


 Democracia participativa: más que reemplazar a la democracia liberal pretende corregir algunos de sus problemas constatados en el mundo real, el principal de ellos el alejamiento de los representantes de los intereses mayoritarios de la ciudadanía y el cooptamiento de estos por intereses de grupos de poder político y económico de naturaleza oligárquica. La democracia participativa se presenta como una forma de vivir en comunidad, incentivado la intervención de los ciudadanos en la mayor parte de las decisiones que los afectan, en particular en el nivel local a través de mecanismos de autogobierno. De este modo la participación continua se constituye en un contrapeso al poder de las instituciones nacionales de la democracia liberal.

 

Una de las debilidades de la democracia participativa es que se ha mostrado potente a nivel local donde se ha implantado, pero ha sido impotente para afectar decisiones en los asuntos de impacto nacional y no ha impactado en debilitar las trenzas de los poderes fácticos que cooptan a los representantes elegidos democráticamente.


 Democracia deliberativa: las debilidades y problemas de las democracias representativas y participativas pretenden ser superados por el modelo deliberativo de democracia. Uno de los teóricos más potentes de este modelo es Jürgen Habermas.

 

La democracia deliberativa se estructura en las mismas instituciones y mecanismo electorales de la democracia liberal, sin embargo, la noción de representación aquí no significa la delegación de poderes sino el mandato de llegar a compromisos. El fundamento básico de la democracia deliberativa postula que para que las decisiones que obligan a los ciudadanos sean legítimas estas deben ser la resultante de un debate plural y amplio en la esfera de la opinión pública, considerando todas las redes de asociaciones en que participan los ciudadanos (Habermas, 1998).


 Democracia radical: los defensores del modelo de democracia radical critican al modelo deliberativo por la excesiva importancia (a su modo de ver) que le otorga al imperativo del consenso. La democracia radical postula la inevitabilidad del conflicto social y la necesidad de dar voz y participación orgánica a los más vulnerables, como también a las distintas visiones culturales, de minorías y de género. En este modelo se establece la intervención del Estado para garantizar condiciones de igualdad de participación como en la instauración de mecanismos de solidaridad y redistribución.


Aplican el marco conceptual anterior a Chile podemos constatar una democracia liberal en crisis de representación, con la mayor parte de las instituciones en descrédito y con representantes elegidos sin conexión con la base ciudadana. Lo anterior se puede comprobar con el continuo descenso de la participación electoral, en particular de las generaciones más jóvenes. En la elección presidencial de 1987 votó el 87% del padrón, mientras que en la primera vuelta presidencial 2017 sólo lo hizo el 48% (1) . Podemos afirmar que existe una apatía de participación en elecciones, pero no de participación política mediante otros mecanismos, como los movimientos sociales.


En coherencia con lo anterior, la confianza en las instituciones en general y en las políticas en particular, ha ido bajando sostenidamente. Los resultados de la encuesta CEP de diciembre de 2019 indican que las tres instituciones peor evaluadas son el Gobierno, el Congreso y los partidos políticos (2) . Todo lo mencionado anteriormente tiene la misma causa raíz: la ciudadanía tiene la certeza que mediante los canales de participación que se le otorgan en el actual sistema político no logra incidir significativamente en las decisiones que le afectan.


Queda claro entonces, que la actual naturaleza y estructura del sistema político chileno no tiene la capacidad de procesar la voluntad y anhelos de los ciudadanos y ciudadanas.

¿Qué rol puede jugar internet y el espacio virtual en este contexto? No se puede pecar de ingenuidad y sostener que la sola existencia de una red tecnológica de comunicaciones va a marcar diferencia por si sola en la calidad de la democracia. Sin embargo, en un momento constituyente como el actual, una esfera pública virtual puede influir en relevar en primer lugar la necesidad de modificar la estructura del sistema político de tal manera que posibilite una participación y deliberación ciudadana efectiva y decisiva.


Internet tiene efecto en la ampliación del espacio público, abriendo éste a un sector amplio de ciudadanos, y tiene la potencialidad de servir de vehículo a la participación y deliberación democrática ciudadana en el espacio virtual, no quedando limitada ni por tiempo ni por espacio.


Sin embargo, para que esta potencialidad se materialice y tenga efecto sobre las decisiones del sistema político nacional y local se deben superar una serie de desafíos:  Asegurar el acceso a internet a todos los ciudadanos, como uno más de los derechos humanos. Esto es esencial para evitar que el espacio virtual se convierta en otra área de exclusión social.

 

Hoy en día este es un aspecto claramente deficitario en Chile. De acuerdo a una reciente investigación de los cientistas de datos Ricardo Baeza-Yates y Cristian Ocaña, existe un porcentaje significativo de la población “desconectada”, entendiendo por ese concepto a aquellos que no tienen acceso a internet o lo tienen de muy baja calidad.


En este grupo están mayoritariamente representados el segmento socio-económico E y la población rural (Baeza-Yates y Ocaña, 2020).  Generar acciones masivas de alfabetización digital, tanto desde el punto de vista técnico como conceptual, para que cualquier ciudadano o ciudadana entienda la lógica del espacio virtual. Lo que hemos visto en pandemia en Chile, con largas filas de personas realizando trámites presenciales, no sólo da cuenta de problemas de acceso sino también de precariedad educativa y carencia de capacidad en el uso de internet.


 Dar sustento legal y político a las acciones de participación y deliberación en el espacio público virtual. Sin duda este ámbito debería ser abordado por los futuros convencionales de la Convención Constituyente. Si bien la existencia de una esfera pública virtual activa no necesariamente depende de la estructura del sistema político, si se debe asegurar que las decisiones políticas de más alto nivel e incidencia sean el resultado de deliberación que acontece en ese espacio.


 Incentivar la generación de comunidades virtuales que puedan canalizar y amplificar las acciones de participación y deliberación democráticas en el espacio virtual. Como un caso ejemplo que conviene mirar con atención están las recientes experiencias de voto electrónico en organizaciones locales e intermedias en Chile (Evoting, 2020). Más allá del debate y cuestionamientos asociados al voto electrónico es relevante constatar el aumento de participación que ha significado el uso de este tipo de plataformas. Pero mucho antes que el voto está la deliberación y esta sin duda puede ser apoyada y amplificada por el espacio público virtual.


El espacio virtual ha generado modos de relación horizontales sin jerarquías predefinidas y hace posible que las comunicaciones y coordinaciones entre personas y grupos no queden limitadas al encuentro físico. La comunidad ciudadana en red es el correlato para una nueva estructura del sistema político chileno, más descentralizado, menos jerárquico, con acento en la autonomía de los gobiernos locales y le entrega a las personas la posibilidad de una real influencia en la toma de decisiones que les afectan.


La transformación de la actual democracia formal y electoral chilena, en una democracia participativa y deliberativa es un imperativo para superar la actual crisis socio-política de Chile. Necesitamos caminar a ese futuro que le entrega poder real a cada ciudadano y ciudadana y el
espacio virtual puede ser la herramienta y el escenario que permita encarnarlo.

Notas:
(1) Fuente: Documento “REFLEXIONES EN TORNO A LA RE IMPLEMENTACIÓN DEL VOTO OBLIGATORIO”, PNUD, Marcela Ríos (2019). Se entrega un gráfico de barras con la evolución de la participación electoral en Chile desde 1987 a 2017.
(2) Fuente: Estudio nacional de opinión pública, CEP, diciembre de 2019. Se entrega un gráfico de barras con la evolución del nivel de confianza en distintas instituciones, desde el año 2015 al 2019.